¿Qué es el socialismo democrático?


Los socialistas democráticos creen que tanto la economía como la sociedad deben funcionar democráticamente para satisfacer las necesidades públicas, no para obtener ganancias para unos pocos. Para lograr una sociedad más justa, muchas estructuras de nuestro gobierno y economía deben ser transformadas radicalmente a través de una mayor democracia económica y social para que los estadounidenses comunes puedan participar en las numerosas decisiones que afectan a nuestras vidas.

La democracia y el socialismo van de la mano. En todo el mundo, dondequiera que se haya arraigado la idea de democracia, también se ha arraigado la visión del socialismo, en todas partes menos en los Estados Unidos. Debido a esto, se han desarrollado muchas ideas falsas sobre el socialismo en Estados Unidos.

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¿Socialismo no significa que el gobierno será el dueño y administrador de todo?

Los socialistas democráticos no quieren crear una burocracia gubernamental todopoderosa. Pero tampoco queremos que las grandes burocracias corporativas controlen nuestra sociedad. Más bien, creemos que las decisiones sociales y económicas deben ser tomadas por aquellos que sean los más afectados por estas decisiones.

Hoy en día, los ejecutivos de las corporaciones, que solo responden ante sí mismos y unos pocos accionistas adinerados, son quienes toman decisiones económicas básicas que afectan a millones de personas. Los recursos se utilizan para hacer dinero para los capitalistas más que para satisfacer las necesidades humanas. Creemos que los mismos trabajadores y consumidores que son afectados por las instituciones económicas deberían ser sus propietarios y controlarlas.

La propiedad social podría adoptar muchas formas, tales como las cooperativas de trabajadores o las empresas de propiedad pública administradas por representantes de los trabajadores y los consumidores. Los socialistas democráticos favorecen la mayor descentralización posible. Si bien las grandes concentraciones de capital en industrias como la energía y el acero pueden requerir alguna forma de propiedad estatal, muchas industrias de bienes de consumo podrían funcionar mejor como cooperativas.

Los socialistas democráticos han rechazado durante mucho tiempo la creencia de que toda la economía debería planificarse de forma centralizada. Si bien creemos que la planificación democrática puede dar forma a importantes inversiones sociales como el transporte público, la vivienda y la energía, se necesitan mecanismos de mercado para determinar la demanda de muchos bienes de consumo.


¿El socialismo no ha sido desacreditado por el colapso del comunismo en la URSS y Europa del Este?

Los socialistas han estado entre los críticos más duros de los estados comunistas autoritarios. El hecho de que sus élites burocráticas los llamaran «socialistas» no significaba que lo fueran; también llamaron a sus regímenes «democráticos». Los socialistas democráticos siempre se opusieron a los estados unipartidistas gobernantes de esas sociedades, al igual que nosotros nos oponemos a las clases dominantes de las sociedades capitalistas. Aplaudimos las revoluciones democráticas que han transformado al antiguo bloque comunista. Sin embargo, la mejora de la vida de las personas requiere una democracia real sin rivalidades étnicas y/o nuevas formas de autoritarismo. Los socialistas democráticos seguirán desempeñando un papel clave en esa lucha en todo el mundo.

Además, la caída del comunismo no debería cegarnos ante las injusticias en nuestro país. No podemos permitir que todo radicalismo sea descartado como «comunista». Esa supresión de la disidencia y la diversidad socava la capacidad de los Estados Unidos de cumplir con su promesa de igualdad de oportunidades, sin mencionar las libertades de expresión y reunión o asociación.


Las corporaciones privadas parecen ser algo que no va a cambiar en EE. UU., ¿para qué dirigirnos entonces al socialismo?

A corto plazo, no podemos eliminar las corporaciones privadas, pero podemos ponerlas bajo un mayor control democrático. El gobierno podría usar regulaciones e incentivos fiscales para alentar a las empresas a actuar para el interés público y prohibir actividades destructivas como la exportación de empleos a países de bajos salarios y la contaminación de nuestro medio ambiente. La presión pública también puede desempeñar un papel fundamental en la lucha por hacer que las corporaciones rindan cuentas. Sobre todo, los socialistas se apoyan en los sindicatos para hacer que las empresas privadas sean más responsables.


¿No es el socialismo poco práctico porque la gente perderá la motivación para trabajar?

No estamos de acuerdo con la suposición capitalista de que el hambre o la codicia son las únicas razones por las cuales la gente trabaja. Las personas disfrutan de su trabajo si es significativo y mejora sus vidas. Trabajan con un sentido de responsabilidad hacia su comunidad y la sociedad. Aunque uno de los objetivos a largo plazo del socialismo es eliminar todos los tipos de trabajo excepto los más agradables, reconocemos que los trabajos poco atractivos permanecerán por mucho tiempo. Estas tareas se distribuirían entre la mayor cantidad de personas posible en lugar de distribuirse sobre la base de la clase, la raza, la etnia o el género, como ocurre con el capitalismo. Y este trabajo indeseable debería estar entre los mejores trabajos recompensados dentro de la economía, no los peores. Por ahora, la carga de hacer que un trabajo sea más agradable debe recaer sobre el empleador, mediante el aumento de salarios, la provisión de beneficios y el mejoramiento del entorno laboral. En resumen, creemos que una combinación de incentivos sociales, económicos y morales motivará a las personas a trabajar.


¿Por qué no existen modelos de socialismo democrático?

Aunque ningún país ha instituido plenamente el socialismo democrático, los partidos socialistas y los movimientos laborales de otros países han obtenido muchas victorias para sus pueblos. Podemos aprender del estado de bienestar integral que mantienen los suecos, del sistema nacional de atención médica de Canadá, del programa nacional de cuidado infantil de Francia y de los programas de alfabetización de Nicaragua. Por último, podemos aprender de los esfuerzos iniciados aquí mismo en los EE. UU., como los centros de salud comunitarios creados por el gobierno en la década de 1960. Brindaron atención familiar de alta calidad, con participación de la comunidad en la toma de decisiones.


Pero, ¿no ha fallado el experimento socialdemócrata europeo?

Muchos países del norte de Europa disfrutan de una enorme prosperidad y una relativa igualdad económica gracias a las políticas de los partidos socialdemócratas. Estas naciones utilizaron su riqueza relativa para asegurar un alto nivel de vida para sus ciudadanos: altos salarios, atención médica y educación subvencionada. Más importante aún, los partidos socialdemócratas apoyaron fuertes movimientos laborales que se convirtieron en actores centrales en la toma de decisiones económicas. Pero con la globalización del capitalismo, el viejo modelo socialdemócrata se vuelve cada vez más difícil de mantener. La dura competencia de los mercados laborales de bajos salarios en los países en desarrollo y el temor constante de que la industria se traslade para evitar impuestos y regulaciones laborales estrictas ha disminuido (pero no eliminado) la capacidad de las naciones para lanzar ambiciosas reformas económicas por su cuenta. La reforma socialdemócrata ahora debe ocurrir a nivel internacional. Las corporaciones multinacionales deben ser sometidas a controles democráticos y los esfuerzos organizativos de los trabajadores deben traspasar las fronteras.

Ahora, más que nunca, el socialismo es un movimiento internacional. Como siempre han sabido los socialistas, el bienestar de los trabajadores en Finlandia o California depende en gran medida de los estándares en Italia o Indonesia. Como resultado, debemos trabajar hacia reformas que puedan resistir el poder de las multinacionales y los bancos globales, y debemos luchar por un orden mundial que no esté controlado por banqueros y patrones.


¿No es un partido que compite por los votos y el apoyo con el Partido Demócrata?

No, no somos un partido separado. Al igual que nuestros amigos y aliados en los movimientos feministas, de trabajadores, de derechos civiles, religiosos y de organización comunitaria, muchos de nosotros hemos estado activos en el Partido Demócrata. Trabajamos con esos movimientos para fortalecer el ala izquierda del partido, representada por el Caucus Progresista del Congreso.

El proceso y la estructura de las elecciones estadounidenses dañan seriamente los esfuerzos de un tercer partido. Las elecciones en las que el ganador se lo lleva todo en lugar de la representación proporcional, los rigurosos requisitos de calificación de los partidos que varían de un estado a otro, un sistema presidencial en lugar de parlamentario y el monopolio bipartidista del poder político han condenado los esfuerzos de un tercer partido. Esperamos que, en algún momento en el futuro, en coalición con nuestros aliados, sea viable un partido nacional alternativo. Por ahora, continuaremos apoyando a los progresistas que tienen una posibilidad real de ganar las elecciones, lo que generalmente significa demócratas de izquierda.


Si voy a dedicar tiempo a la política, ¿por qué no debería centrarme en algo más inmediato?

Aunque el capitalismo estará con nosotros durante mucho tiempo, las reformas que ganemos ahora —aumentar el salario mínimo, asegurar un plan nacional de salud y exigir la aprobación de una legislación sobre el derecho de huelga— pueden acercarnos al socialismo. Muchos socialistas democráticos trabajan activamente en organizaciones monotemáticas (que trabajan sobre un solo tema) que abogan por esas reformas. Somos visibles en el movimiento por la libertad reproductiva, la lucha por la ayuda estudiantil, las organizaciones de gays, lesbianas, bisexuales y transgénero, los grupos antirracistas y el movimiento de los trabajadores.

Es precisamente nuestra visión socialista la que da forma e inspira nuestro activismo diario por la justicia social. Como socialistas, tenemos un sentido de interdependencia de todas las luchas por la justicia. Ninguna organización monotemática puede realmente desafiar al sistema capitalista o asegurar adecuadamente sus demandas particulares. De hecho, a menos que trabajemos todos colectivamente para lograr un mundo sin opresión, cada lucha por una reforma estará desconectada, e incluso será tal vez contraproducente.


¿Qué pueden hacer los jóvenes para llevar a Estados Unidos hacia el socialismo?

Desde el movimiento por los derechos civiles de la década de 1950, los jóvenes han desempeñado un papel fundamental en la política estadounidense. Han sido una fuerza tremenda para el cambio político y cultural en este país: al limitar las opciones de Estados Unidos en la guerra de Vietnam, al obligar a las corporaciones a deshacerse del régimen racista de Sudáfrica, al reformar universidades y al plantear cuestiones de discriminación por orientación sexual y género a la atención pública. Aunque ninguna de estas luchas fue librada solamente por jóvenes, todas presentaron a los jóvenes como líderes en coaliciones progresistas multigeneracionales. Los jóvenes también son necesarios en las luchas de hoy: por la atención médica universal y sindicatos más fuertes, contra los recortes de asistencia social y las corporaciones multinacionales depredadoras.

Las escuelas, colegios y universidades son importantes para la cultura política estadounidense. Son los lugares donde se formulan las ideas y se discuten y desarrollan las políticas. Ser una parte activa de esa discusión es un trabajo fundamental para los jóvenes socialistas. Tenemos que trabajar duro para cambiar los conceptos erróneos de la gente sobre el socialismo, ampliar el debate político y superar la falta de interés de muchos estudiantes en participar en la acción política. También fuera del campus, en nuestra vida cultural diaria, los jóvenes pueden cambiar el rumbo del racismo, el sexismo y la homofobia, así como el mito de los conservadores sobre las virtudes de los mercados «libres».

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Si tanta gente malinterpreta el socialismo, ¿por qué seguir usando esa palabra?

Primero, nos llamamos socialistas porque estamos orgullosos de lo que somos. En segundo lugar, no importa cómo nos llamemos a nosotros mismos, los conservadores lo usarán en nuestra contra. El antisocialismo se ha utilizado repetidamente para atacar reformas que trasladan el poder a la clase trabajadora y lo alejan del capital empresarial. En 1993, el seguro nacional de salud fue atacado y derrotado por considerarlo «medicina socializada». Los liberales son denunciados habitualmente como socialistas para desacreditar la reforma. Hasta que enfrentemos y derrotemos el estigma asociado a la «palabra con S», se seguirá asfixiando la política y nuestras opciones serán limitadas en Estados Unidos. También nos llamamos socialistas porque estamos orgullosos de las tradiciones en las que nos basamos, de la herencia del Partido Socialista de Eugene Debs y Norman Thomas, y de otras luchas por el cambio que han hecho que Estados Unidos sea un país más democrático y justo. Finalmente, nos llamamos socialistas para recordarles a todos que tenemos una visión de un mundo mejor.