Expandir la Lucha de Clases: Volver a visitar Black Marxism (El Marxismo Negro)

 Hoy en día, la frase “capitalismo racial” es omnipresente—invocada por el Movimiento para   Vidas Negras, discutida en Dissent, e incluso mencionada en el New York Times. Como un término de arte, capitalismo racial surgió en debates sobre la Izquierda de Sudáfrica en los 1970. Posteriormente, Black Marxism: The Making of the Black Radical Tradition (El Marxismo Negro: La Creación de la Tradición Radical Negra) (1983) de Cedric Robinson empujó el entendimiento de capitalismo racial más allá de su aplicación al apartheid de Sudáfrica para abarcar tanto el desarrollo global del capitalismo como formas destendidas de resistencia anticapitalista.

     El renacimiento contemporáneo de los conceptos de Marxismo Negro y el marco del capitalismo negro está impulsado en gran parte por el movimiento de Black Lives Matter (La Vidas Negras Importan). En febrero [2021], después de un año de luchas Negras sostenidas contra la violencia estatal anti Negra, UNC Press (la Prensa de la Universidad de Carolina de Norte), publicó una tercera edición del Marxismo Negro. ¿Qué es lo que hace que el texto de Robinson sea útil para las luchas antirracistas y anticapitalistas contemporáneas? ¿Qué lecciones podría aprender La Izquierda al involucrarse con él?

     El Marxismo Negro no es un correctivo o un alegato para que los análisis marxistas expliquen la dominación racial supremacista blanca. Robin D. G. Kelley lo resume mejor en su nuevo prólogo: “Marxismo Negro no es ni marxista ni antimarxista. Es una crítica dialéctica del marxismo que recurrió a la historia larga de la revuelta Negra …. para construir una teoría totalmente original de revolución e interpretación del nuevo Mundo.” Al centrarse en las luchas Negras contra la esclavitud racial, la colonización, y el capitalismo, Robinson ofrece una crítica del marxismo ortodoxo, proporcionando una comprensión histórica y estructural alternativa del sistema mundial capitalista. 

     Marxismo Negro impugna la interpretación del capitalismo de Marx y Engels como una revisión completa de feudalismo. El feudalismo europeo, para Robinson, estaba plagado de ideologías de racismo que normalizaron las relaciones intra europeo de la conquista, la esclavitud, y la dominación laboral. El surgimiento de las relaciones sociales capitalistas del feudalismo expandió y extendió la diferenciación racista. Lo más importante, esto no es un argumento transhistórico. Robinson demuestra cómo las jerarquías raciales, desde el siglo diecisiete en adelante, marcan una ruptura del pasado precisamente porque las relaciones capitalistas globales emergentes transformaron las condiciones materiales entre las poblaciones diferencialmente racializadas dentro y fuera de Europa. Por ejemplo, Robinson identifica cómo el nacionalismo y el chovinismo anglosajón obstaculizaron las solidaridades de la clase obrera en Inglaterra del siglo diecinueve. Al destacar la colonización de Irlanda por Inglaterra y la superexplotación de los trabajadores irlandeses en Britania, Robinson demuestra cómo los intereses raciales y nacionales en competencia eran constitutivos del proletariado inglés. Al hacer esto, el autor perturba el sujeto de revolución de Marx, además del abrazo acrítico de la Izquierda euro-americano de un proletariado industrial universal y desracializado como la vanguardia de la revolución.

     En vez de homogenizar los antagonismos de clase, como propusieron Marx y Engels, Robinson subraya como el capitalismo funciona por una lógica de diferenciación. Este análisis estructural clarifica como la coerción (expropiación) “extraeconómica” existe al lado de la explotación laboral asalariada. Pasando de una tendencia en algún pensamiento marxista a abstraer y poner entre paréntesis la colonización y el comercio atlántico de esclavos como o fuera del orbito del desarrollo capitalista o una fase histórica antes del surgimiento del capitalismo propiamente dicho, Robinson establece la centralidad de múltiples formas de la expropiación racializada y de género, incluso la esclavitud racial y la superexplotación, a la reproducción ampliada del capital.

     Aunque no es una obra de la economía política, el poder de Black Marxism radica en su exploración sistemática de los vínculos fundamentales entre la dominación racial, la colonización, y el capitalismo global. Además de enfatizar “la tradición radical Negra,” también destaca cómo los pensadores como W. E. B. Du Bois, C. L. R. James, y Richard Wright reformaron o rompieron con el Marxismo para entender las luchas Negras contra el capital y el estado. Ampliando nuestro perspectivo más allá de las relaciones de trabajo asalariado en el centro industrial, Black Marxism obliga a la Izquierda a tener en cuenta las formas de resistencia que frecuentemente han sido invisible a los Marxistas ortodoxos. Estas incluyen las insurrecciones de esclavos, las comunidades de fugitivos que escapaban de la esclavitud, las revoluciones anticoloniales (ejemplificadas por la Revolución Haitiana), y las luchas contemporáneas contra la violencia anti-Negra sancionada por el estado. Vencer el capitalismo racial, por lo tanto, requiere que juntemos, no separemos, las luchas antirracistas y anticapitalistas, al construir el poder a través el continuo de explotación/expropiación racializadas y de género.