Entrevista con Bhaskar Sunkara

Muy pocos han hecho más para ampliar el atractivo popular del socialismo en los últimos años que Bhaskar Sunkara, 31 años de edad. Desde que fundió la revista Jacobin en 2010, Sunkara—un hombre autodescrito como “hype” (promotor)—ha trabajado incansablemente para construir la revista y el movimiento. Jacobin tiene una circulación de más o menos 70.000 y más de 2.6 millones de visitantes de la web cada mes. Hablamos por Zoom, el 15 de abril. – DON McINTOSH Creo que la pregunta que la mayor parte de la gente quiere preguntar es esta: ¿Cómo se pronuncia el nombre de esta revista que fundió usted? JACK-o-bin ¿Por qué elegiste ese nombre? Tiene referencias históricas a las revoluciones francés y haitiana. Recuerda el espíritu de la Ilustración que se encuentra en muchas de las tradiciones socialistas. Como los fundadores de DSA, creo que lo que hacemos como socialistas es cumplir las promesas de la Iluminación que no se pueden cumplir bajo el sistema capitalismo.  ¿Cómo describría la política de Jacobin dentro del gran medio socialista? Jacobin intenta ser comprensible a un público más amplio que quizás no esté familiarizado con los puntos de vista socialistas. Sin embargo, aunque somos flexibles en nuestra política diaria, y que estamos entusiasmados por los movimientos que están surgiendo, intelectualmente, diría que somos marxistas bastante ortodoxos. Hay muchas tradiciones morales y puntos de vista intelectuales que son ampliamente compatibles con una política socialista. Sin embargo, nosotros aferramos a una cosmovisión marxista porque consideramos que esta es una manera muy útil para entender el mundo. Con esto viene un énfasis especial en la política de la clase trabajadora. Usted creció en un pueblo pequeño, el menor de cinco críos. Sus padres son inmigrantes de Trinidad. ¿Cómo era usted de niño? ¿Y cómo encontró su pasión por la política y el socialismo? Definidamente, me consideraba a mi mismo un liberal en el sentido americano, en el sentido  de estar a favor de un estado de bienestar. Leía escritores como Paul Krugman a la edad de 12, 13 años. Y 9/11, la guerra contra el terror, La Guerra de Irak, todo aumentó mi sentido de oposición contra el imperio estadounidense. Después, leí las obras de León Trotsky. Leí Irving Howe. Leí Michael Harrington. Fue una trayectoria intelectual, muy aislado, pero un despertar político central. Describí DSA como resultado de estar familiarizado con Harrington. Fui a mi primera reunión de DSA cuando tenía 17 años. Y conocí a toda una multitud de personas de DSA en NYC el verano entre mi último año de secundaria y mi primer año de universidad. Principalmente, mi trabajo en DSA en aquellos momentos fue modernizar el blog El Activista, donde muchos primeros contribuidores se unieron. DSA fue muy formativo. De verdad no puedo imaginar cómo era yo antes de DSA porque tengo ahora 31 años y ya han pasado 14 años desde que me uní.  ¿Cuáles considera los puntos fuertes de DSA de hoy, y qué cree que lo está frenando?  Bueno, creo que la principal fortaleza de DSA es el hecho de que es una organización con más de 94.000 miembros. Es uno de las organizaciones socialistas más grandes en la historia de Estados Unidos. Creo que nuestro pluralismo ideológico es un gran ventaja. Creo que el hecho de que hemos evitado el faccionalismo extrema es muy importante. Donde somos débiles es que todavía estamos una organización que no está arraigada profundamente en la clase trabajadora, porque la izquierda estadounidense en su conjunto no ha sido profundamente implantado en la clase trabajadora durante muchas décadas. Todavía nos sesgamos también hacia la clase media, demasiado educada en la universidad, como resultado del aislamiento histórico de la izquierda. Entonces tenemos que averiguar una forma, a medida que crecemos, de ser el tipo de organización que alguien puede simplemente conectarselo. Y es más fácil dicho que hecho, en parte porque no es solo la izquierda que se separa de la vida de la clase trabajadora en Estados Unidos. Mucho de nuestra sociedad civil de clase trabajadora ha sido vaciado. La gente no tiene la misma conexión que solían tener, con el sindicato, con la asociación cívica local, incluso con la asistencia a la iglesia. ¿Hay una tensión para ti en tener valores socialistas por un lado y por otro lado ser empleador? ¿Te estás beneficiando del plusvalía de los empleados? Bueno, primero que nada, soy un empleado de una junta yo mismo, y tenemos un escala salarial igualitaria. Y tenemos personal sindicalizado. Yo y todos en Jacobin se nos paga mucho menos que de lo contrario se podría, pero hacemos seguro que nos pagan un salario digno y que tenemos buenos beneficios para la salud. Pero realmente no veo ninguna tensión más de lo que hay tensión con el hecho de que DSA tiene que equilibrar sus libros, tiene que obtener cuotas de membresía, tiene que averiguar qué pagar a los empleados. Nuestro principal objetivo es la expansión. Creo que eso es probablemente lo único que tenemos en común con una empresa capitalista. Pero nuestras razones para expandirnos son diferentes. Es para maximizar el alcance, no para maximizar los ingresos. Tienes tantos proyectos en marcha. Eres editor de Jacobin, la revista teórica Catalyst, la publicación británica The Tribune. Hay la familia de podcasts Jacobin. Tienes tu libro [El Manifiesto Socialista: el caso por política radical en una era de desigualdad extrema] y Jacobin ha publicado más de una docena de libros hasta ahora en asociación con Verso Books. ¿Cuál es tu próximo proyecto? Últimamente, hemos estado desarrollando un canal Jacobin en YouTube. Nosotros lo lanzamos el año pasado con la ayuda de mi difunto amigo Michael Brooks. Tenemos alrededor de 75,000 suscritores en el canal ahora, que no es un mal comienzo por un año. Personalmente, estoy escribiendo dos libros ahora mismo. Casi estoy terminando con uno, que es una historia de la revolución Granadiana. Y también estoy trabajando con un par de colaboradores, Mike Beggs y Ben Burgis, en un libro grande sobre la economía de un socialismo factible. No es porque creo completamente en “escribir recetas para las tiendas de cocción del futuro,” como Marx lo puso derisivamente, pero porque creo que mucha gente hoy quiere creer en el socialismo, quieren creer que hay una alternativa, pero tienen dudas sobre su factibilidad técnica. Entonces vamos a empezar a hablar de alternativas al capitalismo, porque en realidad pienso que podría alimentar nuestro trabajo. Hubo una confianza que tenía la izquierda por mucho del siglo XX y finales del siglo XIX que perdimos. Pensabamos que nosotros eramos herederos de la historia. Creo que tenemos que reconstruir esa confianza hoy. Porque no podemos ser solo las personas que dicen “No” al capitalismo que actualmente existe. Necesitamos decir: “No, y aquí hay una alternativa.” Traducción de Donna Vivian Landon-Jimenéz y Dee Knight.